jueves, 2 de febrero de 2017

La verdadera historia del conde de Montecristo

La verdadera historia del conde de Montecristo, Conde negro, Pablo Ferradas, Con gen de gnomo


Hoy no solo te quiero llevar a un lugar fantástico, ni siquiera a las curiosidades o leyendas que sucedieron en este remoto lugar. Como decía Pequeño, el juglar, siempre hay “historias dentro de otras historias”, y es allí donde llegaremos tú y yo. Porque en nuestro paseo hacia el castillo de If te voy a revelar la verdadera historia del conde de Montecristo

El otro día (ya sabéis, ese intervalo de tiempo entre  “ahora” y los años setenta), escuché en Onda Cero un interesante relato sobre el Conde de Montecristo. Un relato basado en una novela de ficción histórica llamada “El conde negro” que, entre ficción y ficción, tiene bastante de real. El caso es que la historia me encantó y estuve atento para coger notas y poder compartirlas hoy contigo.

Recuerdo la primera vez que visité París. Fue a mediados de los años noventa y yo era un chaval aún más imberbe, si cabe. Por aquel entonces, España no estaba tan diversificada racialmente como lo está ahora mismo, y si lo estaba, yo era tan joven que no había sido capaz de apreciarlo. ¿Por qué cuento esto? Pues porque una de las cosas que me impactó, incluso antes de bajarme del autobús, fue la cantidad de personas de raza negra que había allí (Ahora es cuando llega mi amigo Piper Valca y dice algo así como… “Espera, ¿raza negra? ¿No puedes ser más específico?”. Si tú también piensas que el azul marino va desde el negro hasta algo parecido al verde oscuro, no te pierdas sus geniales artículos).

Y me llamó la atención no solo el número de personas que tenían un color de piel muy diferente al mío, paliducho semitransparente, sino el avanzado nivel de integración de las mismas en la sociedad. Allí eran funcionarios del metro, oficiales de policía o cualquier otra cosa que quisieran o pudieran ser… como cualquiera, como debe ser. Igual solo era cosa mía, pero yo no había visto ese nivel de integración ni en mi país, ni en mi ciudad, ni en mi barrio. Pero volvamos a Francia y al tema multirracial, porque tiene mucho que ver con la historia que te quiero contar hoy.

La verdadera historia del conde de Montecristo, Conde negro, Pablo Ferradas, Con gen de gnomo
Si querer polemizar con el Sr. Georgie Dann, El negro "sí" puede ;).

En tiempos de napoleón, hubo un general mulato en el ejército de Francia. Según parece, hay documentos de la época donde se le describe como “uno de los militares con mayor habilidad para manejarse con la espada”. En esos textos se elogia esa destreza con la esgrima, pero también su arrojo en el combate y su capacidad para la estrategia. Muchos dirían que aquel general fue el primer hombre de piel oscura (Piper, no me des collejas) que obtuvo relevancia en el continente europeo.

Eran finales del siglo XVIII. Es importante que tengamos en cuenta el contexto histórico para ser conscientes de las proezas que consiguió el amigo, en un momento tan importante y convulso de la historia de Francia. Un joven que, además de otras muchas cosas, tenía la eterna desventaja del color de su piel. No olvidemos que hasta hace bien poco, los negros en Estados Unidos no podían ser enterrados en el mismo cementerio que los blancos, o que en la Segunda Guerra Mundial había brigadas de soldados franceses de origen argelino a los que, casualmente, solían tocarles las misiones más chungas y en las que caían más compañeros. Y pese a todo, aquel zagal mulato llegó a ser general de un ejército europeo hace más de doscientos años. Si te digo que le llamaban “El demonio negro”, igual no te suena, pero si te digo que se llamaba “El general Dumas”, la película empieza a sonarte, ¿a que sí?

El padre de este muchacho fue un aristócrata francés que tenía más título que patrimonio. Por ese motivo viajó a hacer fortuna hasta lo que hoy es Haití, que en el siglo XVIII se trataba de una colonia francesa. Allí su fortuna fue encontrar el amor en una esclava con la que convivió treinta años, porque de la otra, de la económica, no hizo. De hecho, llegó a arruinarse tanto que se vio obligado a vender a su hijo a un hacendado que conocía. Y con él pasó bastante tiempo hasta que su padre logró el dinero suficiente como para recuperar la propiedad de su propio hijo.

La verdadera historia del conde de Montecristo, Conde negro, Pablo Ferradas, Con gen de gnomo
Parafraseando al Sr. Dann "Mami que será lo que tiene el negro" ;P.
Fuente: Wikipedia.

En 1776, cuando Dumas ya era un apuesto joven de catorce años, viajó con sus padres desde Haití hasta Francia, y allí entró en una academia militar. Según los registros, apenas necesitó un lustro para ser considerado como uno de los mejores esgrimistas del ejército. Su ingreso en la institución militar coincidió con cierto momento histórico conocido como la Revolución Francesa, lo que ayudó a acelerar su ascenso en el escalafón militar.

Del general Dumas se decía que era buen espadachín, guapo y carismático. Alguien así no pasaba desapercibido. Solo un año después de la revolución, ya desempeñaba altas responsabilidades en el ejército, y tras una campaña exitosa en los Alpes, comenzó a hablarse en París sobre sus capacidades para dirigir hombres y guiarlos a la victoria.

Dumas incluso marchó al norte de Italia a combatir contra las tropas austro-húngaras. Le acompañaba otro joven general menos famoso que se llamaba… ¿cómo era? Algo así como Napoleón Bonanosequé. Allí Dumas vivió su batalla más épica defendiendo un puente de alto valor estratégico. Un episodio que incluso mereció el elogio del tal Napoleón, reconociéndole la proeza de haber sido capaz de mantener aquella posición con tan pocos hombres.

La verdadera historia del conde de Montecristo, Conde negro, Pablo Ferradas, Con gen de gnomo
¿En serio? ¿El mulato ese otra vez? Me tiene contento.
Fuente: Napoleón en la víspera de su primera abdicación - Paul Delaroche.

El general Dumas llegó a comandar la caballería francesa (al jodío no había nada que se le diera mal). Su porte, su presencia y el color de su piel infundían más temor en el campo de batalla que el prestigio que ya había conseguido su colega Napoleón… Y claro, esas cosas levantan ciertas suspicacias. Hay historiadores que hablan de que el futuro emperador estaba un poco celosillo de su compañero de batallitas. El caso es que, de regreso a Francia desde una campaña en tierras egipcias, algo sucedió en la embarcación en la que viajaba Dumas y acabó naufragando en Italia, en territorio enemigo.

El general pasó dos años en una prisión que le fue socavando esa energía por la que había sido tan bien conocido. Solo la insistencia de su esposa hizo posible que, al final, las autoridades francesas intercedieran por quien había sido uno de sus generales más valerosos.

El general Dumas falleció en Francia a los 43 años. Cien años después de su muerte, en 1.906, se erigió una estatua en su honor en París. Un monumento que duró lo que tardaron en derribarlo los colegas de un señor llamado Hitler durante una serie de reformas y redecoraciones que se hicieron con la idea de adecentarlo todo al gusto del dictador, antes de su visita a la capital francesa. Al menos su nombre perduró en el Arco del Triunfo.

A la muerte del general, su hijo, Alejandro, apenas tenía cuatro años.

El pequeño Alejandro, futuro escritor de “El conde de Montecristo”, el autor de D´artagnan… El Alejandro que quizás encontró la manera de conocer mejor quién había sido su padre y lo resucitó desmembrándolo en D´artagnan, Portos y Aramis, lo encerró injustamente en la prisión del castillo de If, como Edmundo Dantés y, a través de sus historias, terminó por convertirle en un héroe para la posteridad. El héroe que, con sus aciertos y errores, todo padre es para su hijo.

El orgulloso hijo del general negro.

Ahora pienso que algunas de sus obras, o de sus frases célebres, bien podrían ser interpretadas de manera diferente:

"El orgullo de quienes no pueden edificar es destruir".

"La vida es tan incierta, que la felicidad debe aprovecharse en el momento en que se presenta".

"El amor es física, el matrimonio química".

"No hace falta conocer el peligro para tener miedo; de hecho, los peligros desconocidos son los que inspiran más temor".

Si Alejandro encontró escritos y cartas con los que conoció mejor la figura de su padre, yo conocí mejor a Pequeño (El juglar al que citaba en el primer párrafo de este artículo... ese, sí. Es uno de los personajes de "La caja de Bernit". Si te gustan las citas te caerá bien ;P), después de descubrir unos bocetos escondidos detrás de la ilustración original de la cubierta de mi novela. En la cara oculta del lienzo estaban esperándome Pequeño, Mikos y Fain... Tesoros olvidados allí por mi fantástica ilustradora, Vanesa Portocarrero. Esas y otras curiosidades, como el mapa a todo color del continente de Wolyan, ya están disponibles para los suscriptores en la Biblioteca de Meseta Tortuga. ¿Quieres entrar a echar un vistazo?

Y para terminar bien, me despido citando a Dumas. Todos los abrazos para uno, y uno para todos ;P.

4 comentarios:

  1. Muy interesante, sólo tenía una vaga idea de Dumas.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me encantó esta historia. Siempre había imaginado a Dumas con la apariencia de alguno de sus personajes. Para mí fue todo un redescubrimiento.
      Un abrazo.

      Eliminar
  2. Collejas, collejas... muchas collejas para ti. No, fue un gran artículo y una gran investigación que de seguro te tomó mucho tiempo. felicitaciones.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, Piper. Me alegro de que lo hayas disfrutado (y mi cogote agradece que no hayas desenfundado la mano del bolsillo ;D). Un abrazo.

      Eliminar