jueves, 6 de octubre de 2016

El Hombre Pez de Liérganes

La leyenda del hombre pez de Liérganes

Ha sido un verano tan caluroso que ni los muros de los castillos ofrecían suficiente refugio. Por ese motivo decidí abandonar sus piedras ardientes y buscar un lugar con una temperatura mucho más agradable. Así fue como mis pasos me llevaron hasta unas tierras conocidas tradicionalmente como «La Montaña», una hermosa región situada al norte de España, y que también recibe el nombre de Cantabria.


En aquel fantástico paisaje, a orillas del río Miera, fue donde me encontré con una historia maravillosa e inquietante que me apetece compartir contigo. Así que ponte a la sombra, mete los pies en el agua y prepárate para conocer la leyenda del hombre pez de Liérganes


La increíble historia sucedió a mediados del siglo XVII, y quizás no hubiera pasado de ser una leyenda más, de esas que vuelan de labios de abuela a oídos de nietos, si no fuera porque también fue recogida en diversos medios de comunicación importantes a lo largo de los siglos…, e incluso fue objeto de estudio entre personalidades de la ciencia tan importantes como el propio Gregorio Marañón, ilustre médico y agente del Ministerio del Tiempo.

Gregorio Marañón, agente del Ministerio del Tiempo
"¿Qué hacía yo detrás de esa puerta? Nada, jeje. Usted disimule, caballero".
Allá por 1674 ―mes arriba, mes abajo―, vivía en Liérganes una humilde familia formada por Francisco de la Vega, María del Casar y sus cuatro hijos. Uno de los chavales, de nombre Francisco, era muy aficionado a escaparse de sus ocupaciones para poder hacer lo que más le gustaba: zambullirse en el Miera y ponerse a nadar cual nutria cántabra.
Un mal día, su padre falleció y, como solía suceder por aquellas épocas, la madre se deshizo de los chicos enviándoles a trabajar donde buenamente pudo. De esa manera, nuestro joven Francisco, que apenas tendría unos quince años, acabó viviendo en Bilbao como aprendiz en una carpintería. El chaval, que debía tener el lomo curtido por las gélidas aguas del río cántabro, continuó con su afición natatoria en la ría de Bilbao. Hasta que la víspera del día de San Juan ―Porque lo que no sucede una noche de San Juan o de los Difuntos ni es leyenda ni es «na»―, Francisco se fue a pasear con la familia que le había acogido en Bilbao y se zambulló por última vez en la ría.

El zagal desapareció de la vista de sus acompañantes, pero estos no se extrañaron, ya que debía ser algo habitual en él desaparecer en el agua durante horas. Además eran testigos de lo bien que nadaba Francisco. Por eso mismo no empezaron a preocuparse hasta que no transcurrió todo el día sin que el zagal diera señales de vida, que ya era hora. Entonces empezaron a sospechar que quizás podría haberle sucedido algo peor que un calambre en el gemelo, y le dieron por muerto.

El traje de Aquaman, discreto no era
Aquaman: un rey sonriente entre el pis de sus súbditos desde 1941.
Cinco años más tarde, unos pescadores gaditanos observaron en el agua lo que a primera vista les pareció el boquerón más grande que habían visto en su vida, y se afanaron en arponearlo ―Después de este lamentable episodio, los creadores de Aquaman decidieron vestirle con un traje de colores chillones ;P―. Intentaron cazarlo en numerosas ocasiones, pero huía de ellos y rompía todas sus redes. Hay quien dice que, finalmente, lo atraparon lanzando trozos de pan al agua ―Que tiemble Jason Momoa, que ya sabemos cuál es su Kriptonita―. Al sacarlo del agua observaron que se trataba de un muchacho corpulento, de tez clara y cabellera escasa y pelirroja. Sus uñas estaban corroídas por el salitre y tanto el torso como el espinazo los tenía recubiertos de escamas.

Aquel extraño muchacho debió dar un poco de yuyu a los pescadores, que pusieron el asunto en manos de los monjes del convento de San Francisco. Era el siglo XVII. En España nunca tuvimos el Área 51 y su colección de sondas para estudiar estos fenómenos paranormales, pero tuvimos la Inquisición, que tampoco se quedaba manca sacando conclusiones a base de hacer perrerías a los sujetos de estudio. Después de conjurar a los espíritus malignos de aquel joven balbuceante, lo interrogaron en diferentes idiomas y, tras mucho insistir, consiguieron que de sus labios brotara la palabra «Liérganes».

Sin Google a mano, era un poco complicado que alguien en Cádiz conociera el nombre del encantador pueblecito cántabro al que se refería el hombre pez. Pero quiso el destino que un pescador de la zona fuera cántabro. «En la Montaña tenemos un pueblo que se llama así», debió decir. Para mayor casualidad, el secretario del Santo Oficio de la Inquisición destinado a Cádiz también conocía la. Fray Domingo de la Cantolla, que así se llamaba el secretario, envió un correo a Liérganes en el que preguntaba si habían notado que les faltara alguno del pueblo ―Ya se sabe que en las fiestas de los pueblos uno sabe dónde empieza, pero no dónde acaba―. Desde Cantabria, alguno tuvo el acierto ―y la memoria― de recordar que cinco años atrás había desaparecido un muchacho llamado Francisco de la Vega que se fue a vivir a Bilbao.

Inquisición, Humor
"A ver, que esto yo lo hago por tu bien. Me duele más a mí que a ti".
Como hacer el bien era uno de los principios fundamentales del Santo Oficio, encargaron que el hombre pez fuera acompañado hasta su tierra por un fraile llamado Juan Rosendo, solo por incordiar (no he podido evitar el chiste rockero). Cuando llegaron a Liérganes, el muchacho fue inmediatamente reconocido por sus hermanos y por su madre que volvieron a acogerle en la familia.
La convivencia con Francisco no era sencilla. Un chico que no mostraba interés por nada, que se atiborraba de comida para luego pasar sin comer varias jornadas, y al que le gustaba ir por ahí con las vergüenzas al aire, no debía pasar desapercibido en el pequeño pueblo de Liérganes. Su vocabulario se extendió al uso de las palabras «tabaco», «pan» y «vino»,  posiblemente inducido por los sencillos encargos que le daba su familia.

Después de nueve años aguantando las tonterías de los insufribles miembros de la raza terrestre, nuestro querido hombre pez se metió en el mar Cantábrico y nunca más se le volvió a ver las escamas.


Como decía al principio del artículo, algo de verdad debió tener esta leyenda cuando fue reflejada en publicaciones de cierta importancia para su época, como lo fueron como La Ilustración Española o Nuevo Mundo... Al leer documentos tan antiguos uno piensa: ¿cómo demonios escribían tan bien sin la tecla DEL?

El Doctor Marañón llegó a interesarse por la leyenda, y se atrevió a diagnosticar a aquel chaval de cretinismo : una enfermedad que suena a tebeo de Mortadelo y Filemón, pero que provoca pérdida de cabello, malformaciones en el cuerpo y en las uñas y algún grado de discapacidad mental.


Quizás el hombre pez no fue nunca nuestra Mireia Belmonte del siglo XVII. Quizás solo fue un chico con ciertas necesidades que se distrajo en el río y se perdió durante años. Quizás lo enviaron a Bilbao para quitárselo de encima, y vete a saber de qué manera apareció por Cádiz… Lo único seguro es que su historia aún pervive. Y me gusta pensar que cualquier criatura, por insignificante que parezca, puede cambiar la historia…, o incluso convertirse en un héroe.

Batman Vs Aquaman dothraki, Viñeta, Humor Con Gen de Gnomo

Hasta aquí el paseo de hoy, pero como aún queda grog en la bota, si quieres podemos recorrer de nuevo otros paisajes fantásticos como son el castillo de Zafra; donde se rodó parte de la sexta temporada de Juego de Tronos; el castillo de Loarre; el castillo románico mejor conservado del mundo y por el que siento un especial cariño; La Cruz que marcó el diablo en Cuenca o el hermoso castillo de Bellver.

Un abrazo.

3 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Hola bonita historia la del hombre pez y sobre todo bellísimo pueblo Cántabro que debéis visitar si vais por esa zona. Mucha suerte con el libro ganas he ilusión no te faltan.☺😃😉

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    Respuestas
    1. ¡Gracias, Lola!

      El casco antiguo de Liérganes es de cuento, y sus tapas de fábula ;P.

      En cuanto a la novela, ya queda muy poquito para que comience la aventura. La semana que viene habrá sorpresas...

      Un abrazo.

      Pablo.

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