lunes, 22 de febrero de 2016

¿Demasiado viejo para esta m...? La naturaleza del escritor autopublicado.


demasiado viejo para aprender
Demasiado viejo para aprender
¡Muy buenas!
No pensaba empezar esta entrada así, pero el otro día leí algo en tuiter que me escoció un poco. Según parece, el escritor de novelas juveniles llamado Jordi Sierra i Fabra comentó en el fallo del premio que lleva su nombre que “Aquellas personas que se autopublican no pueden llamarse auténticos escritores”...


En estos casos polémicos, el Sr. Internet nunca deja demasiado claro dónde empiezan y dónde terminan las verdades. Quizás la frase de marras se haya sacado de contexto, precisamente para escocer.

Lo curioso es que yo pensaba igual, cuando era más joven e imprudente.


Al fin y al cabo llevaba toda la vida consumiendo literatura del modo tradicional. Uno iba a la librería y buscaba ese best seller que leían los compañeros del trabajo, o bien esa otra novela menos comercial pero muy recomendada por los viejos colegas del World Of Warcraft (¡Gracias por poner a George R.R. Martin en la vida de este mago ovejero!), o por aquel vecino con el que jugaba a rol de pequeño y que me dejaba sisarle los cómics de Marvel. 
¿Autores independientes? Esa gente no es de fiar. 

Pero llegó el día en el que yo mismo quise publicar una novela.


Sumándome a las miles de personas que hay por el mundo con la cabeza llena de historias fantásticas y de pájaros, muchos pájaros. Y me pasó lo habitual: editoriales o agentes que no contestan, que por el momento no trabajan tu género (son tan amables que no te dicen a la cara lo mal que escribes), concursos ganados por personas del pueblo o alrededores... Ese tipo de cosas que te hacen renegar del mundo editorial, y comenzar a leer con intenciones aviesas: buscando fallos ortográficos, errores de edición, de traducción, esa esquinita mal cortada que cuando la despliegas hace que parezca que el libro se burla de ti...

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En esa circunstancia tenía dos opciones, o hundirme más y más en una espiral negativa (convencido erróneamente de que escribía mejor que muchos autores editados/premiados) o aprendía a aceptar mi lugar en el mundo editorial.


Lo primero que sucede cuando encuentras tu lugar, es que te das cuenta de que está muy vacío.


No porque allí no haya nadie que te pueda enchufar en una editorial, sino porque no conoces a nadie, absolutamente. Nadie que te cambie las comas de sitio, que descubra tus muletillas, tus gerundios, tus palabras acabadas en “mente”; nadie que te explique que debes usar rayas en lugar de guiones, qué son las viudas y las huérfanas o cuántas líneas deben quedar por debajo de una letra capitular. Ese tipo de cosas que la gente que ha estudiado para escribir conoce de oficio, o sabe a qué fuentes acudir. Ese tipo de cosas por las que tu novela tampoco fue nunca la guapa del baile.

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Como en cualquier lugar vacío, empiezas a valorar lo que te falta, que en este caso es todo el trabajo que lleva detrás una buena novela: corrección, edición, ilustración, distribución, marketing... Unas necesidades que te obligarán a rascarte el bolsillo antes o después.

Para aquel entonces, ya me había gastado unos buenos cuartos en enviar la novela a concursos y a editoriales; mal escrita y poco corregida; así que me propuse el reto personal (“reto personal” mola más que llamarlo hobby) de sacarla adelante con el menor desembolso económico posible, aunque ello supusiera dedicar una cantidad enorme de horas a una tarea lenta y laboriosa. Y yo que no entendía cómo mi hermano podía pasar tardes enteras pegando tablitas de madera a su barco de marquetería ;).

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Nadie dijo que fuera un hobby sencillo, pero al final podrás gritar
"¡Yipi Ka Yei!"

Empecé a analizar las ediciones que más me habían gustado, regla en la mano, midiendo márgenes, estudiando tipografías, contando líneas y palabras... Luego llegaron youtube, las webs, los blogs... Incluso me atreví a a consumir autores independientes, para ver qué habían hecho otros que habían recorrido el camino antes que yo.

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Defeat is NOT an option.

Sin saberlo había comenzado un hermoso viaje iniciático, en el que sobreviví varios inviernos mientras aprendía a escribir mejor, a corregir, a conocer los entresijos del Word; y posteriormente del paquete Adobe; a animar, a filmar (¿aún se dice filmar? Sí, soy viejuno), a comprar, a vender y a pagar mis impuestos.

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Goonies NEVER say die!


Y después de todo lo que he pasado, descubro que sigo pensando igual.


demasiado viejoAquellas personas que se autoeditan no pueden llamarse auténticos escritores.

Son personas capaces de recibir las críticas de sus primeros lectores con una sonrisa.
Son ávidos lectores.
Son investigadores.
Son quisquillosos.
Son informáticos.
Son pacientes.
Son valientes, persistentes y trabajadores.
Son pesados porque quieren que todo el mundo les lea.
Son gente agradecida con los pocos que les leen.
Son gente que disfruta con lo que hace.
Son personas que crecen y se hacen mejores al final de la aventura...

...En realidad, son auténticos héroes. 

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En fin, algo haremos con este muchacho.
Un abrazo.

Pablo.

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