jueves, 29 de octubre de 2015

Mi Segunda Primera novela.

¿Eso de tu bolsillo es un pendrive,
o es que te alegras de verme
¡Muy buenas!

Hace unos días que puse punto y final a mi segunda novela. ¿O debería decir la primera?
Hace doce años comencé a escribir lo que pretendía que fuera un relato corto de ciencia ficción. Algo manejable y que pudiera enviar a algún concurso sin pasarme de número de páginas  (en aquella época aún estaba empecinado en seguir perdiendo concursos).

Os pondré en situación. Yo estaba trabajando en un lugar muy, muy tranquilo, y muy, muy aburrido. Haciendo una suplencia en una consulta increíblemente grande a la que no acudía nadie en las cuatro horas que duraba la jornada. Allí, sentado en un cómodo sillón y teniendo a mi disposición un ordenador, hice lo que cualquier joven atrevido hubiera hecho en mi lugar: escribir una novela corta. ¿En qué demonios estabas pensando? ;)...





El problema surgió cuando después de terminarla no me sentí suficientemente vacío.

Seguramente conocéis esa extraña sensación que aparece después de finalizar un trabajo creativo en el que lo has dado todo. El caso es que empecé a preguntarme por los acontecimientos que podrían suceder, posteriores a aquel relato. Desde algún mágico lugar me llegó la respuesta pero, no conforme con ella, quise saber más ¿Y qué pasaría después de la historia que iba después de la que había escrito?
Entonces lo vi claro: no había escrito una novela corta, había escrito la precuela. Y el relato no estaría completo hasta que hubiera tecleado las otras dos historias que quedaban por contar...





¡Lo que es el ser humano! tardé cinco minutos en pasar de estar super emocionado (lo que ahora se llama "con el hype por las nubes") a plantearme “¿escribir dos historias más? ¿Con lo que me ha costado la primera? ¡Ni de coña!".





Pero lo hice, o por lo menos empecé a hacerlo. En aquella época era más alocado y menos disciplinado en esto de teclear cosas así que, aunque me esforcé por no dejar el manuscrito a medias, poco a poco fui cayendo en los errores clásicos de irme por las ramas, llenar páginas y páginas de detalles que no aportaban nada a la historia original y no la permitían avanzar... Hasta que la dejé.

Me llamo Pablo Ferradas...
Procrastinar hasta dejar de escribir... Yo también he caído.

Años después llegaron otras obras que pasaron por colegios de Madrid y Aragón: canciones, cuentos, obras de teatro y la novela que posiblemente verá la luz el año que viene. Es cierto que para cuando me enfrenté a estos otros trabajos ya no era el mismo escritor. Me había preocupado en formarme para no repetir los errores que había cometido con mi primera novela inconclusa.

Porque aquel primer relato de ciencia ficción podía no ser perfecto (de hecho, estaba escrito de manera infumable), pero fue el pionero, el que rompió las barreras que tenía para escribir y exponer mis trabajos a los demás; fue el que me demostró que tenía mucho que aprender y el que me dio fuerzas para hacerlo, si es que quería contar bien las locuras que se me pasaban por la mente.




Puedo decir que esa primera novela me ayudó a mejorar como escritor. 

Y como de bien nacidos es el ser agradecido, quise devolverle el favor reescribiéndola.

Cuando terminé mi segunda novela (que también será la que primero vea la luz), recuperé los archivos Word de la primera, uno por cada día de escritura (maniático que es uno), más uno de anotaciones. Aunque allá por el 2003 era joven y alocado, sí tuve la precaución de escribir una escaleta con todo lo que debía pasar en cada capítulo. Aquello me dio muchas facilidades para volver sobre el texto y “podar” todo lo que alejaba la historia del camino que debía llevar.

Me obligué a ser metódico, el recorte del texto escrito debía ser importante. Si me hubiera limitado a continuar allí donde lo dejé, la novela habría sido un mazacote de papel apilado repleto de innumerables fallos. Así que, con cierta pena, dediqué muchos meses a recortar y reescribir todas aquellas ideas que en su día me parecieron magníficas. Bueno, de vez en cuando hacía algún parón para secarme las lágrimas con la manga de la camisa.

Como me dijo un amigo, las canciones y los textos no se terminan, se abandonan. Después de muchos meses, puedo afirmar que he puesto punto y final a aquel manuscrito.
Por fin feliz. Por fin vacío.

Ahora toca alejarme de él durante otros tantos meses, y no puedo negar que siento cierta tristeza, e incluso añoranza. Algún día volveremos a reencontrarnos en mejores circunstancias, con la cabeza y el corazón más fríos, dispuestos a darnos los últimos cariños antes de la despedida final. Sabréis cuándo sucederá el esperado reencuentro porque me oiréis maldecir y refunfuñar sobre los fallos que habré encontrado y la cantidad de cosas que tendré que corregir ;).

Hasta entonces tendré que luchar otras batallas más cercanas y aprender mucho más.

Por todo lo que me has dado, gracias Segunda Primera novela.

Pablo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario