lunes, 25 de marzo de 2013

La (maldita) Sinopsis.

La Real Academia de la Lengua Española, define la palabra Sinopsis como “Exposición general de una materia o asunto, presentando sus líneas esenciales”… Después de una semana de trabajo sobre la misma, creo que tengo derecho a exponer mi propia definición, que sería algo parecido a “Traumática experiencia que consiste en coger ese  texto sobre el que has estado trabajando durante dos años y podarlo para que su extensión no exceda de dos páginas, y que además permita que alguno de tus amigos cercanos, que aún no haya leído tu novela, sea capaz de hacerse una idea atractiva de la misma a la par que se la destripas sin miramientos”.
En este caso estoy hablando de una Sinopsis Técnica, no una comercial, que es el formato que he elegido para enviar a las editoriales. En una Sinopsis Técnica se cuenta con detalle la trama principal, incluido su desenlace y muchos detalles y sorpresas que consideras que podrían llamar la atención al departamento de lectura de la editorial. En cambio, una Sinopsis Comercial es la que podemos leer en la contraportada de cualquier libro: un breve aperitivo que deje al lector con ganas de más. En algún sitio leí que una editora prefería que los autores le enviaran este tipo de sinopsis. Observando que algunas editoriales apenas piden un par de capítulos como muestra de escritura, he pensado que con una sinopsis técnica tengo más posibilidades de mostrar, léase vender ;), mejor los “Cuentos de Caballería” al lector editorial.


Hacer una sinopsis de algo que has escrito es un ejercicio saludable.


Pero también es saludable hacerse una limpieza bucal al año y no por ello es menos doloroso. Yo antes vivía feliz en mi ignorancia, escribiendo una novela en la que las diversas historias de doce personajes  se iban cruzando entre sí. De esa forma se tejía un relato mucho mayor que la suma de sus historias, en el que ocurrían cosas maravillosas que alteraban incluso la vida del mundo en el que vivían. Pero entonces apareció ella: la sinopsis. Esa criatura cruel que te exige exponer, mejor dicho desnudar, con todo lujo de detalles la trama principal de tu novela y barrer del medio el resto de tramas secundarias, por mucho que estas hayan influido para que la trama principal se resuelva tal y como la habías pensado.
Mi proceso ha sido más o menos el siguiente. En primer lugar, condensé  todo posible la historia principal así como los detalles más importantes de las secundarias. Llegado este punto, había conseguido contar casi doscientas páginas de historia en apenas cinco. Aún había que recortar bastante, por lo que de esas tramas secundarias arranqué otro buen puñado de detalles, como quien despeja la X de distintos puntos de una ecuación. Después de todo ese esfuerzo aún no había conseguido rebajar la sinopsis de las cuatro páginas. Pero el ejercicio mental debió remover alguna neurona, porque al día siguiente fui capaz de trabajar el texto de nuevo hasta llegar a las tres páginas de extensión.


Pese a todo, no estoy bastante satisfecho del resultado, en cuanto a la extensión, me refiero. Todas las recomendaciones que he leído sobre cómo escribir una sinopsis hablan de que ésta no debe superar las dos páginas, y temo que pueda ser un inconveniente no haberme ceñido a esa pauta, pero me resulta del todo imposible bajar de las tres páginas.
Al final ha quedado de la siguiente manera: una página para el primer libro y dos para el segundo. Y es que, aunque se trate de una única novela autoconclusiva, la historia que se relata en el primer libro y la que se cuenta en  el segundo, son suficientemente independientes como para que sus sinopsis también lo sean. Yo estoy convencido, ahora solo tengo que convencer a los comités de lectura de las editoriales :(.
Y la sinopsis es sólo una de las partes que forman una Propuesta Editorial. Pero eso es algo de lo que os hablaré en otra entrada. Los desahogos como las alegrías, se disfrutan más de uno en uno.
Un fuerte abrazo. Si la Propuesta Editorial lo permite, no tardaré tanto en escribir la próxima entrada y contaros lo divertido que es ese nuevo reto ;).
Pablo.

domingo, 10 de marzo de 2013

Recopilación de consejos a la hora de publicar.





Navegando por las redes, he encontrado decenas de lugares donde escritores, editores y lectores comparten sus experiencias sobre el momento de buscar editor. La cantidad de opiniones y consejos que se pueden leer es abrumadora. Algunos en la misma línea, otros se contradicen entre si, y otros son enormemente útiles. Creo que la mejor forma de agradecerles la ayuda que me han prestado es compartiéndolo con vosotros. Aunque es posible que alguno de vosotros ya haya estado por esos lugares inhóspitos dando vueltas como yo ;).






Las recomendaciones que me han parecido más útiles son:


Elegir bien la Editorial. Por poner un ejemplo, no veo yo los Cuentos de Caballería publicados en La Sonrisa Vertical. Por lo menos, no esta versión de los Cuentos de Caballería. El consejo es que te fijes bien en la línea editorial o en las colecciones que pueda tener una editorial grande, y que indiques incluso en cuál de sus líneas sitúas mejor tu obra.

Enviar un manuscrito en un formato cómodo de leer. Sin muchas complicaciones, una Times New Roman o Arial 11 con interlineado de 1,5 es adecuado.

Título atractivo y adecuado. Esto es algo que siempre me ha parecido complicado, por lo que suelo buscar cosas sencillas. Por ahí recomiendan no revolverlo demasiado, “El robo de los Ghaurlumantes del País de Yahadapadú”; buscar rimas incómodas, “La mariquita pepita”; o no adecuarse a la línea editorial, por ejemplo, enviar a Minotauro una obra titulada “Lluvia de piruletas”. Yo en uno de estos puntos he caído alguna vez, pero no os diré en cuál por vergüenza ;).

Realizar una carta de presentación. Breve, concretando quién eres y qué estás mandando. No hay que tratar de quedar como el nuevo Tolkien, ni pelotear al editor, ni reseñar ninguno de nuestros logros literarios del nivel “Soy el ganador del concurso de relatos breves del barrio de Tetuán”. De hecho, nuestro palmarés importa poco, si no nos conocen directamente por haber ganado algo realmente grande.

Incluir sinopsis o resumen, lo que nos pida la Editorial. Puede parecer fácil, pero yo estoy haciendo ahora mismo un resumen, y me parece bastante complicado. Al principio quieres poner muchas cosas que te parecen importantes (el texto es tuyo: TODO TE PARECE IMPORTANTE). Hay que ser muy objetivo y separarse de la obra lo suficiente como para sacar lo accesorio del resumen y quedarte con las ideas clave. En mi caso, estoy dando a leer el resumen a personas que conocen el texto y a otras que no lo conocen. Si alguien que no ha leído la novela, no es capaz de entender y disfrutar el resumen, no lo estás haciendo bien. Piensa también, que el Comité de Lectura de una Editorial no tiene por qué leerse tu obra completa, necesariamente. Tratar de sacar lo esencial de la novela, me parece incluso un ejercicio sano, pero pensar que eso será la presentación del libro requiere un esfuerzo importante. Por un lado, quieres dar una buena impresión y, por otro, no quieres desvelar ningún acontecimiento que destripe la novela al lector. Por no hablar de lo triste que es ver condensadas más de 150 páginas en algo más de una página. Complicado, pero escribir también va de eso, de enfrentarse a desafíos. Si quieres saber más sobre mi lucha con la sinopsis, podrás leerlo en esta entrada del blog.

Las sagas disuaden de ser editadas. Pedirle a un Editor confianza para una novela tuya, es muy diferente que pedírsela para una trilogía. Es mejor ofrecer una obra autoconclusiva y que el lector pudiera escribir en su informe “Mola mogollón, y además podría tener segunda parte”.

Muy importante: incluir en la misma obra tus datos personales y la forma de contacto. Y cuando digo la misma obra, es en una de sus páginas. Si la pones aparte, en otra hoja o en una tarjeta, te arriesgas a que esta se pierda.

Tener un poquito de mano izquierda con el tema del registro. Una cosa es registrar tu obra y otra cosa es ponerlo explícitamente, para que lo lea el receptor. Suena a algo así como “Mucho cuidadito conmigo, que como vea algo editado por ti, medianamente parecido a mi novela, tiro de navaja y te echo las tripas a un cesto”. Con la cantidad de manuscritos que reciben, si estuvieran interesados en plagiar, saldrían en las noticias cada quince días.

Y hasta aquí, llega el refrito que he hecho con los mejores consejos que he encontrado por las redes. Espero que os sirvan de ayuda. Por mi parte, aún tengo una carta de presentación, un resumen y una sinopsis pendiente, antes de salir al mundanal ruido.

Si ahora mismo te encuentras enfrascado en el maravilloso mundo del concurso literario, tal vez te interese leer mi experiencia al respecto. La encontrarás en este artículo.

Si, por el contrario, estás interesado en hacer una buena Propuesta Editorial, te explico en qué consiste en esta entrada del blog.

Y si has oído hablar del famoso Informe de Lectura, pero aún no sabes lo que es, quizás te interese leer este otro artículo.

Vaya, me acabo de dar cuenta de que si buscas “Cuentos de Caballería” en Google, este blog ya sale como la quinta entrada. La cuarta es un ensayo de un tal Miguelpo2419 con el que no tengo nada que ver… A ver si le gano ;). Bueno, contando que hace unas semanas había que irse unas cinco o seis páginas para encontrarme, no está mal. Será una tontería, pero hace ilusión.

También quería dar gracias a los que se interesan por este Blog desde fuera de España. No deja de sorprenderme cómo un blog tan sencillo como este, ha recibido este mes 67 visitas desde Colombia, 30 visitas desde EEUU, 20 de México, Argentina, Venezuela… De todas formas, seguro que los bots que circulan por la red también tienen mucho que ver con estos resultados.

Un fuerte abrazo a todos, de todos los lugares.

Pablo.



"La curiosidad es la sabiduría del gnomo, y también su principal causa de muerte".

Viejo proverbio gnomo.