martes, 29 de enero de 2013

Los protagonistas de los Cuentos de Caballería.

Cuando comencé la andadura de los Cuentos de Caballería tenía en mente seis personajes. En teoría dos de ellos iban a ser los protagonistas y el resto meros acompañantes de sus aventuras. Pero la historia comenzó a crecer a su alrededor. Se incorporaron nuevos personajes y los que en un principio eran protagonistas, empezaron a compartir su importancia con los demás.

¿Quién no ha abierto las puertas de su casa para montar una fiesta y ha visto cómo se le empezaba a colar gente a la que a penas conocía? Pues de la misma manera yo abrí las páginas de los Cuentos de Caballería y seis personajes más entraron en mi historia. Y lo hicieron para quedarse.

Sinceramente, no sabría decir cuál de los doce personajes me gusta más o es más importante. Cada uno desarrolla su propia historia en alguno de los dos libros de la novela, y sus decisiones son las que hacen que el devenir de la historia sea el que es. Doce, ni más ni menos. Todos con sus costumbres y manías tan diferentes que la convivencia entre ellos, en muchas ocasiones, no es sencilla.


En ellos he querido introducir peculiaridades que seguramente nos recuerden a personas que conocemos o con las que nos hayamos cruzado alguna vez en nuestra vida: débiles que se quieren hacer pasar por poderosos; poderosos que quieren pasar desapercibidos; locos geniales que inventan maravillas; valientes que tienen miedo; cobardes llenos de rencor; y personajes que se equivocan al buscar la felicidad en el lugar erróneo.

Menos personajes pero con más "miga".


Siempre he pensado que las novelas quedan más claras cuando no incluyen demasiados personajes. ¿Quién no ha tenido que retroceder algunas páginas, al interrumpir la lectura unos días, porque no reconoce al personaje del que se habla? En los libros electrónicos se debería implantar la opción de reconocimiento de personajes. Algo así como que al seleccionar el nombre de algún personaje, apareciera un texto del tipo “Sí hombre. Este tío es Jaskin, hijo de Joroskin, de la Casa Tarareo, de los Tarareo de toda la vida. El que era malo hasta que el protagonista le dio un remedio para esas verrugas faciales tan molestas” ;).

En este caso, tratándose de una novela orientada a jóvenes lectores, tenía cierto reparo en introducir tantos personajes, pero creo que al final he conseguido un equilibrio bastante aceptable.

Quizás no sea mala la idea que me propusieron de añadir un glosario de lugares y personajes al final de la novela.

Hay una cosa que me encanta, y es preguntar a quienes ya han leído los Cuentos de Caballería, cuál es su personaje favorito o el que más le ha gustado. Las respuestas que recibo son siempre sorprendentes, tanto por el personaje elegido, como por los motivos: bien porque ha caído en gracia, bien porque se haya empatizado más con él…

Personajes de Dragonlance - Larry Elmore

Después de haber escrito sobre tantos personajes, llego a la conclusión de que el auténtico protagonista es aquel que lleva una novela en la mano. Al fin y al cabo, es quien se pondrá en el lugar de su personaje favorito o le acompañará, cuando por la noche apague la luz y entre en el misterioso Universo de los Sueños.

Si queréis saber más del aventurero que escribe estas líneas, en esta entrada del blog os cuento quién soy.

Dulces sueños y un abrazo.

Pablo.

miércoles, 23 de enero de 2013

Las Criaturas de los Cuentos de Caballería


Gnomo -  por 7Eme Ruelle Rouge.





Los Reinos de Fantasía, como su propio nombre indica, suelen estar plagados de criaturas fantásticas, si no perdonadme, pero vaya birria de Reino de Fantasía ;). Esto es precisamente lo que lo diferencia del Reino de la Realidad.

Aunque no nos engañemos, en el Reino de la Realidad también existen criaturas fantásticas. Lo que pasa es que suelen estar menos a la vista y, de las que sí están a la vista, apenas sabemos nada sobre lo fantásticas que son.






miércoles, 16 de enero de 2013

¿Por qué escribir un Cuento?



Muy buenas.
Lo primero comentaros que ¡ya hemos pasado juntos el umbral de las 1000 visitas! Simplemente, gracias por vuestra compañía. Espero seguir caminando mucho tiempo a vuestro lado.

Me gustan los cuentos porque de ellos siempre se aprende algo.


Con los cuentos se aprende a compartir, a ser valiente, a decir la verdad, a que el chupete es una droga de la que se puede salir y hasta a hacer tus necesidades en el inodoro en lugar de en el pañal.

Los cuentos y las tradiciones orales, en líneas generales, fueron muy importantes a la hora de transmitir los conocimientos y la sabiduría de generación en generación cuando aún no existía el lenguaje escrito, o cuando el conocimiento de dicho lenguaje estaba al alcance de unos pocos.

¿Cuántas historias que has leído recuerdas? Seguramente muchas. ¿Pero cuántas historias recuerdas, de esas que te contaron a la luz de una hoguera, de una temblorosa linterna, o arropado entre sábanas antes de dormir? Esas son más difíciles de olvidar.


Así pues, obras tan extensas y complejas como la famosa Iliada o la Odisea de Homero, ya existían mucho antes de que fueran escritas. Se trataba de una multitud de historias, poemas y canciones que la gente de los pueblos había transmitido durante siglos por vía oral, hasta que alguien estimó oportuno registrarlas por escrito… Algo así como los "Cantajuegos", pero sin forrarse ;).


Pero no hace falta remontarse a los grandes clásicos o a lugares tan lejanos.


El otro día comentaba una matrona (muy pro-lactancia materna) que en las sociedades modernas, las madres no dan adecuadamente el pecho porque se roto la línea de transmisión de ese tipo de conocimientos entre abuelas, madres e hijas. Se ve que en esta sociedad tecnológica, pese al Google y a la Wikipedia, Internet no ha conseguido aún alcanzar la calidad de transmisión de estos conocimientos que se puede producir en el humilde entorno de una chabola gitana, entre abuelas, madres e hijas. Hablando de calidad de transmisión, estoy totalmente de acuerdo.

Muchos de los conocimientos que permitieron a las diferentes civilizaciones cosechar a tiempo, buscar lugares más habitables, sobrevivir a hambrunas o evitar enfermedades, se transmitieron de boca en boca mediante cuentos, poemas, canciones, refranes… Por poner un ejemplo un tanto escatológico, existe el clásico refrán “Donde comas no… Defeques”.





Me parece a mí que los obreros de las antiguas provincias romanas no cantarían alegremente este refrán mientras cavaban túneles de alcantarillado, para separar las aguas residuales de los pozos de agua limpia. No puedo evitar imaginarme la típica viñeta de Asterix con un texto del estilo “Alistaos, decían. Alistaos y veréis de cerca el progreso” ;).






Los cuentos me gustan porque tienen esas cualidades: divierten pero también enseñan. O quizás sería más apropiado decir: enseñan, pero también divierten.

En los Cuentos de Caballería he tenido la oportunidad de tocar temas muy relacionados con la épica, como pueden ser la amistad, el sentido del deber y del honor. Pero también se tratan temas muy actuales, como son la ecología o la superación de los prejuicios ante las diferencias culturales.

¿Que por qué me gusta escribir cuentos? Porque los cuentos hacen que la vida sea mejor.



Si quieres saber algo más sobre este loco que piensa así, pincha este enlace.
Si preferís conocer mis manías, confesables, las podréis leer en esta entrada del blog.

Un abrazo.

Pablo.

lunes, 14 de enero de 2013

Concursando, que es gerundio.

¿Estás pensando en presentar un relato a un concurso? Si me lo permites, te hablaré de mi humilde experiencia al respecto, por si pudiera servirte de ayuda lo poco que sé de estos temas.

Lo primero es tener claro para qué concursas.


Y claro está que a todos nos gusta ganar y que nos digan que somos los mejores. Sin embargo eso no es frecuente en los concursos literarios. Piensa que hay mucha gente muy buena por ahí, y hay otra gente no tan buena pero con mejores referencias. Por no hablar de los jurados “sin escrúpulos” que desechan los textos sin ni siquiera leerlos detenidamente (total, qué les importaría leer cuatrocientas cincuenta novelas de doscientas páginas).


Compitiendo en esos términos, es bueno y saludable plantearse otros objetivos secundarios para no acabar llorando por las esquinas al ver rechazado ese trabajo por el que te has quemado las pestañas. Mario Vargas Llosa, en su obra “Cartas a un joven Novelista”, nos aconseja:  “… quien ve en el éxito el estímulo esencial de su vocación, es probable que vea frustrado su sueño y confunda la vocación literaria con la vocación por el relumbrón y los beneficios económicos que a ciertos escritores (muy contados) depara la literatura. Ambas cosas son distintas”.

Como el tema da mucho de sí, hoy me centraré en los grandes certámenes.


Navegando por las redes, leí algunas referencias sobre cómo desarrollan su trabajo quienes juzgan nuestros escritos. Estoy hablando de concursos en los que se piden relatos de no menos de doscientas páginas. Según las referencias, dichos jurados pasan las obras por varios procesos de selección de esa forma:
En la lectura de la primera página se rechazan un porcentaje importante de relatos (si dejaste el golpe de efecto para la página dos, tu relato fue apartado junto con el mío hasta la orilla de la mesa, justo antes de caer en la papelera).
De las novelas que han pasado el corte, se leen páginas sueltas, escogidas al azar en diferentes puntos del relato. Los trabajos en los que se detectan errores gramaticales, ortográficos, etc, también son descartados. Permitidme una advertencia: el corrector ortográfico de los procesadores de texto, muchas veces “descorrige”, es decir, coloca mal una palabra en un mal lugar y te fastidia el texto. Con buena intención, pero te lo fastidia.
Siguiendo esos criterios, finalmente se quedan con un número muy reducido de escritos (posiblemente no más de media docena), entre los que se encontrarán los ganadores y finalistas.

Quizás este no sea un sistema demasiado justo, pero hay que entender que un premio no se puede dar en seis meses o en un año si cada miembro del jurado se tiene que leer cien novelas. Hasta ahí bien. Que luego no ves ningún premio importante en manos de un escritor medianamente desconocido, a no ser que esté bien relacionado. Mal, muy mal.

Aunque somos muchos en este planeta, me sorprende que haya premios a los que año tras año se presenten de 400 a 600 novelas totalmente nuevas, recién escritas, de más de trescientas páginas, y que el premio se lo lleven en tantas ocasiones alguien que es colaborador sin otro oficio, o tertuliano de un programa de televisión; o bien periodistas o escritores de mejores contactos que renombre, pese a que todas fueron presentadas bajo seudónimos.

Si estás pensando en ir a uno de esos concursos multitudinarios y bien remunerados, hazte a la idea de que palmarás pasta.


Eso sí, te convertirás en el mejor amigo del chico de la reprografía de tu barrio. Calcula más o menos:
Registro del relato (13-14€) + en mi caso 2 cartuchos de de impresora ( marca blanca de reciclaje de cartuchos, color y negro, 60€) + 2 paquetes de 500 folios de 80 gramos (10€) + Dos o tres copias del relato debidamente encuadernadas (dos o tres pizcas de €) + Envío por correo certificado de las dos o tres copias requeridas, para asegurarte de que llega (con lo que pesa el papel, otros tres puñados de €)… El concurso nos quedaría resuelto por una inversión de no menos de 50€ sin contar los 60€ de los cartuchos de la impresora.
Si te interesa, dediqué esta entrada del blog exclusivamente a hacer cuentas.

Casi dan ganas de escribir un relato sobre una "teoría de la conspiración papelera", para que la gente concurse.


Y este precio es sólo para los más modestos, si además quieres disponer de un servicio de corrección profesional para asegurarte de que, en el caso de que tu novela pase los primeros cortes, tengas mayores garantías de éxito, súmale unos euros más por hoja escrita (me dan sudores de multiplicarlo por no menos de 200 páginas).

Después de hacer números, no sé a vosotros, pero a mi se me quitan un poco las ganas locas de presentarme a uno de esos certámenes.

Siendo conscientes de nuestras limitaciones en cuanto a calidad literaria y cantidad pecuniaria, puede ser que nos planteemos acudir a algún concurso más modesto. Quizá uno organizado por el Ayuntamiento de alguna encantadora localidad. O bien puede ser que nos planteemos presentarnos mejor a algún certamen de relatos breves o microrelatos, pensando erróneamente que por ser más cortos son más fáciles de escribir…

Si quieres conocer mi experiencia en concursos más pequeños, sigue este enlace.
Si preferís leer algunos consejos obre lo que hay que tener en cuenta a la hora de publicar, los encontraréis en esta otra entrada.

Un abrazo.




“Sí, niño, aquí son las inscripciones para el Torneo. Sólo necesitas una armadura de verdad, un blasón en el escudo... Y quitarte ese orinal de la cabeza y comprarte un yelmo decente. Por doscientas monedas puedes conseguirlo todo en la carpa de aquí al lado. Aunque yo en tu lugar probaría suerte un poco más allá, en la barraca de los titiriteros. Siempre necesitan actores para animar a los nobles y por lo menos conservarás la cabeza sobre los hombros”.

- Memorias de Urome Gladio, funcionario Oficial de Justas -

miércoles, 9 de enero de 2013

Regalo de Reyes. Ilustrando la novela.

Como os habéis portado bien, quiero compartir con vosotros algunas ilustraciones. Hay miles de artistas por el mundo de gran talento, cuyas ilustraciones bien podrían representar personajes de los Cuentos de Caballería. ¿Os dais cuenta de lo complicado que es ser original?

Hero de Janson Engle

Pues bien, me he dado una vuelta por las redes y he rescatado algunas que me han gustado bastante. Os citaré a los respectivos autores y/o las fuentes siempre que sea posible, y si el publicarlas aquí supusiera algún perjuicio para alguno de ellos, retiraría las imágenes inmediatamente.

Las fuentes donde me las he ido encontrando son varias: la web de DevianArt, juegos de ordenador como "The Elder Scrolls" o "Elemental Clash"... La próxima vez quizás me de un paseo por esos lugares buscando inspiración ;).

Al componer los personajes de algunos protagonistas, estuve claramente influenciado por los relatos de Margaret Weiss y Tracy Hickman así que cómo no representarles con ilustraciones de los hermanos Majere.


Hermanos Majere-Elfwood.com

Esta ilustración me encanta para otro de los personajes principales.

Elder Scrolls.

El ladronzuelo de la siguiente ilustración, bien podría ser uno de los protagonistas.

Thief de Kyuubifred

Si su piel fuera un poco más azulada, este par de kenders serían dos duendes protagonistas en los Cuentos de Caballería.


Cuando los atlantes poblaban el Continente, seguramente tenían una aspecto parecido a este.

Creature Master de Guro

Este ogro es tan fiero como parece, pero quizás no tan malo como lo pintan.

Elder Scrolls 

Y este marinero tiene pinta de que acabará sus días regentando una taberna.

Dwarf kraken hunter de Forsaken91 

No hay muchos caballeros con la armadura de color púrpura, pero yo tengo uno ;).

Heretic de Janson Engle


En el segundo libro aparecen muchas más razas fantásticas del Continente, que bien podrían estar representadas en estas ilustraciones.


Algunas de ellas maravillosas.

Driada de Christian Popa
Otras obligadas a luchar para sobrevivir.






Elder Scrolls

Y otras simplemente aterradoras.

Zombie portrair de Anarkyman

También en el segundo libro se relatan batallas épicas.


Jake the Giant Killer Concept Art

Y aunque en los Cuentos de Caballería no aparecen dragones propiamente dichos, sí que se encontraréis batallas parecidas a estas.





Dragon attack de Andree Walling
Elemental Clash 

Estas imágenes son solo referencias visuales, pero no os dejéis engañar por las apariencias. El aspecto real de los personajes es el que nace dentro de cada uno cuando lee los Cuentos de Caballería.

Si quieres saber más sobre las criaturas que aparecen en la novela, visita este enlace del blog.

Un abrazo.

Pablo.

sábado, 5 de enero de 2013

El Sentido del Humor.

¡¡Feliz 2013!! Con dos signos de admiración, que es el límite que pone Terry Pratchett al histerismo.


Un año del que espero mucha felicidad en lo personal, donde realmente importa, y poder compartirla con vosotros. Y qué mejor manera de estrenar este año por aquí, que hablando sobre el Sentido del Humor (así, con mayúsculas).

Creo que una de las profesiones que más respeto del mundo es la de hacer reír. 


Debe ser por haberme rodeado de algunos amigos monologuistas, cuenta cuentos y payasos varios, en definitiva. Gracias a ellos he conocido, y en ocasiones compartido, su trabajo.

En general, hacer reír es complicado. Os aseguro que cuando me ha tocado estar delante del público no lo he pasado mucho peor que cuando he estado yo sólo frente al ordenador, componiendo alguna escena que quiera cargar de matices cómicos.

En la obras de teatro que he escrito para colegios, he buscado tanto la diversión de los pequeños actores como la de los sacrificados padres, que en ocasiones aguantan con el trasero pegado a la silla durante varias horas (y obras) seguidas. Por su esfuerzo, los niños y niñas merecen sentirse protagonistas de las risas que provocan en sus familiares; y los papis agradecen el poder ver algo más entretenido que chavales dando vueltas como peonzas sobre el escenario y gritando canciones sin ningún sentido.

En los Cuentos de Caballería me enfrentaba a algo más complicado de lo que estaba acostumbrado a hacer. Por un lado se trataba de una novela dirigida a chicos y chicas de doce a catorce años. Sin embargo, también quería que si el libro cayera en manos de otra persona de cualquier edad, pudiera disfrutar igualmente de las escenas, los diálogos y los chistes.

El sentido del humor ha sido algo que no sólo me ha acompañado durante el proceso de escribir la novela, además ha sido uno de los motores que me ha impulsado hasta poder verla terminada. Porque gracias al sentido del humor, surgieron momentos mágicos como este:

Basado en hechos reales...


El escritor está delante de su ordenador tecleando tranquilamente hasta que, sin previo aviso, un personaje toma la palabra y le da un giro al texto. Esa escena tan medida y meditada, se torna en otra totalmente caótica ante la sorpresa de quien la narra. Inexplicablemente, lejos de enfadarse el escritor continua tecleando con una sonrisa en los labios mientras una voz, en alguna parte de su cabeza, exclama "¡Y todo porque a un pequeño duende le ha dado por abrir su bocaza cuando no tocaba!".

Pero es el caos dentro del orden. El escritor no puede permitirse que el lector se sienta perdido en alta mar. De esa manera, gobierna la nave sobre las nuevas corrientes y la lleva al lugar donde quería llegar desde el principio del viaje. Un poco mareados y divertidos por el zarandeo, alcanzamos por fin el destino prometido, desde una frescura y una espontaneidad imposible de predecir ni programar.

Foto de Arthur Sasse

El sentido del humor funciona así. 


A veces es cuestión de liberar a los personajes en las diferentes situaciones y sentarse a observarles, mientras tratas de registrar en tus apuntes todo aquello que está aconteciendo. No hay momento de mayor disfrute que el de ver cómo los personajes toman vida propia y son ellos quienes ponen las palabras en tu boca, o en este caso, en tu novela.

Ahora ya sabéis por qué es importante para mí el sentido del humor. Si queréis saber por qué me dio por escribir cuentos, os lo cuento en este enlace del blog.

Felices Reyes para todos los que os habéis portado bien, y a los que no, os deseo mucho sentido del humor ;)

Un abrazo.

Pablo.