martes, 25 de junio de 2013

Desterrando el Síndrome de la Página en Blanco. Gente que, sin saberlo, te inspira, te anima y te acompaña.

¡Hola de nuevo!
  
En este último mes han seguido ocurriendo cosas maravillosas para los Cuentos de Caballería. No significa que estemos más cerca de la publicación… O sí, si tenemos en cuenta que todo el trabajo que realizamos sobre nuestras obras, no hacen sino mejorarlas día a día.

Hace un tiempo os hablé de lo difícil que me había resultado terminar la sinopsis de la novela. Finalmente, di por concluida la tarea dejando en una página la sinopsis del primer libro y en dos la del segundo. No estaba demasiado contento con ese resultado, pero no era capaz de ver otra opción, al tratarse temas tan diferentes (aunque íntimamente ligados) en cada libro.

Siempre que no estoy al cien por cien contento con el resultado de lo que he escrito, me obligo a mí mismo a separarme del texto. Leer y escribir otras cosas que no tengan nada que ver, olvidarme del manuscrito como cuando desconecto del trabajo al marcharme de vacaciones (tanto que a la vuelta no me acuerdo ni de las claves de los ordenadores).

GOCE (Gravity field and steady-state Ocean Circulation Explorer)
En este caso recuperé mi primera novela. Se trataba de un relato de  Ciencia Ficción escrito  sin mucha experiencia, plagado de errores e inacabado. Aquella novela con la que torturé a los amigos pidiéndoles que leyeran algunos capítulos hace algunos años.

La saqué del "desván de los sueños pendientes" y me propuse actualizarla y adecentarla para los concursos del año que viene. El primer problema que encontré fue que, con letra Times New Roman 12 y espaciado doble, llevaba escritas unas 250 páginas.
Un problema gordo si consideramos que, siguiendo mis esquemas, aún necesitaba 6 capítulos más para llegar al desenlace.
Un problema muy gordo si consideramos que la mayoría de los concursos exigen una extensión máxima de 200 páginas. Yo ya sabía de antemano que la tenía que recortar para ajustarme a los concursos, pero no recordaba que fuera tanto.

Venía de luchar con un texto de 196 páginas para resumirlo en 2, por lo que la idea de volver al maravilloso mundo de los recortes no me pareció demasiado atractiva. Al menos al principio. Porque en cuanto me puse a releer lo escrito, la historia me volvió a cautivar.
Yo amaba esa historia, quería contar esa historia. Pero quería contarla bien. Así pues, recogí todo el conocimiento (mucho o poco) que he ido atesorando en estos años y me propuse aplicarlo sobre aquella historia que escribí cuando tenía más voluntad que habilidad.

En la fecha en la que escribo estas líneas, ya he revisado cuatro capítulos y estoy bastante satisfecho con el resultado, después de haber recortado el texto en un 30% aproximadamente. Cuando digo recortar, no me refiero exclusivamente al número de palabras, ya que la revisión del texto ha implicado mucho más que un simple tijeretazo: Corregir texto, reescribir, reemplazar e incluso escribir nuevos contenidos.
Podría decir que me siento como un restaurador que trata una pieza con todo su cariño, puliéndola y cepillando la materia extraña que la oscurece, para que pueda mostrarse en todo su esplendor. De igual manera, me he esforzado para que la historia no pierda su intensidad, su consistencia, su sentido del humor… En definitiva, su alma.


Todo esto ocurría por aquellas fechas en las que se celebraba la Feria del Libro de Madrid. Una Feria a la que el niño que llevo dentro acude fascinado para conocer a los autores de los libros que más le gustan. Aunque hay que reconocer que, en ocasiones, uno también se lleva un chasco con según qué autor.

Feria del Libro de Madrid - Imagen propiedad de Rtve

Alguna vez, cuando he fantaseado con estar al otro lado del mostrador, me he visto sonriendo y dejándome los… La vida, para que la persona que ha comprado mi obra se vaya con una sonrisa en los labios y con la sensación de haber vivido una buena experiencia cara a cara conmigo. Qué mejor oportunidad tendría para preguntarle yo a mis lectores sobre el libro y aprender a hacer las cosas mejor. Es cierto que soy dado a enrollarme demasiado, pero como tampoco iba a tener la cola de firmas de María Teresa Campos, no creo que hubiera demasiado problema.

El caso es que en esta Feria no solo buscaba firmas, o estrechar alguna que otra mano (a ver si se me pegaba algo de talento por vía transdérmica). Esta vez fue un poco más especial. Pude saludar a algún escritor conocido (¿os acordáis del guionista?), hablar directamente con editores que están apostando por autores españoles de fantasía y disfrutar de varias experiencias mágicas (no sabría definirlas de otra manera), entre las que destacaré una.

«Estaba en la cola de firmas de un famoso presentador de televisión. Me encontraba bastante agitado después de haber recorrido el Paseo de Carruajes del Retiro a toda prisa, pensando que no llegaría a tiempo a la firma. Pero el hecho de haber conseguido llegar a tiempo tampoco me ayudaba a serenarme precisamente, porque tenía la intención de hablar con él sobre los Cuentos de Caballería.

El miedo estaba ahí (ya sabéis dónde) atenazando, pero la oportunidad también estaba delante de mí. Hablar de algo personal (fruto de mi esfuerzo y al que tanto cariño tengo) con alguien a quien realmente no conozco, en un espacio reducido de tiempo, a priori  tenía más probabilidades de acabar en desastre que en éxito.
Temblando como un flan, me presenté como uno (de sus miles de seguidores) que le mandó cierto tuit referente a los Cuentos de Caballería, del que él hizo retuit.

Esa fue mi carta de presentación (no sé si se puede hacer peor).

Los ojos se me abrieron como platos cuando me dijo que se acordaba del tuit, aunque no me quise dejar llevar por la emoción, pensando que se trataba de una mentira piadosa. Pero entonces, con un “no te prometo nada”, bajo su firma escribió un correo electrónico para que le enviara mi manuscrito.

De esa forma, volví a casa feliz. En primer lugar por haberme enfrentado a mis miedos y haberme lanzado a agarrar la oportunidad. Y más aún después de haber visto mi esfuerzo recompensado con un resultado tan positivo.

Un par de días después le remití la novela (tranquilos, en esta ocasión me presenté de una forma más decente), y en poco más de 24 horas, este señor cumplió con lo que se había comprometido: reenviarla a su Editorial.

Pensar que alguien que debe estar bastante ocupado en su vida profesional/personal, ha encontrado un hueco para enviarme un correo electrónico de respuesta (¡A mí!, al tío “mindundi” que llegó sudado y tembloroso hasta su caseta de firmas), hace que se haya ganado con creces mi respeto y mi admiración. Y no estoy hablando de que sea mejor o peor persona (que no nos conocemos de nada… Aunque alguna vez nos hayamos retuiteado ;)). Estoy hablando de que, según mi forma de pensar, me ha demostrado que es un verdadero PROFESIONAL: alguien que se esfuerza en cumplir aquello con lo que se ha comprometido, aunque sea con un desconocido que pasaba por allí.


Este señor trabaja con una gran Editorial por lo que, siendo realista, las posibilidades de que mi obra vea la luz siguiendo ese camino son escasas. Pero ¿recordáis cómo empezó esta historia? Exacto, con las probabilidades en contra.»

Todas estas experiencias positivas han sido el descanso y la recarga de confianza que mis neuronas necesitaban. Así pues, con ilusiones renovadas, he vuelto a trabajar sobre los Cuentos de Caballería. Le di otra vuelta a la sinopsis con excelentes resultados y he encontrado nuevos concursos, editoriales y agentes a los que dirigirme. De todo ello ya hablaremos otro día, que por hoy creo que ya os he retenido mucho tiempo frente a la pantalla.

No suelo mencionar los nombres de los implicados en estas anécdotas, ya que no cuento con el permiso para hacerlo y me da cierto apuro. Lo que quiero transmitir con estas experiencias personales, sobre todo, es un mensaje de esperanza, de ilusión y de perseverancia en el trabajo realizado.

Un abrazo.

Pablo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario