martes, 16 de abril de 2013

Pequeñas inversiones, grandes ilusiones. Viendo el diente al dragón.


Después de mucho tiempo, vuelvo a enfrentarme a los viejos fantasmas del envío de manuscritos por correo. Aunque hasta ahora nunca había enviado un texto tan extenso. La verdad es que me resulta curioso cómo en pleno siglo XXI, en la era post cataclismo Maya, muchos concursos continúan solicitando el envío de manuscritos impresos. Quizás lo hagan con la intención de disuadir a aquellos escritores que no estén tan interesados en sus premios como para no invertir 25€ en presentarse, o quizás es que haya algún vándalo que se dedique a bombardear las direcciones de correo electrónico de los concursos. Lo que sí es seguro es que, a 25€ aproximadamente por convocatoria, no muchos bolsillos se pueden permitir ahora mismo presentar su novela a 3 o 4 concursos.

Redondeando, a mí las cuentas de mover la novela, sin contar las copias realizadas en su día (correctores, lectores cero y, la mejor inversión: las copias que se utilizaron para las actividades de animación a la lectura en un colegio de Madrid (en esta entrada te cuento mi experiencia)), me salen de la siguiente manera:

10€ en paquetes de folios de 80grs. Espero que sean bien reciclados.
20€ en cartuchos de tinta. Impresora vieja = consumibles caros.
16€ en encuadernaciones. Presentación cuidada, ante todo.
4€ en formatos digitales. Cds del chino, que alababa la calidad de su producto (800 Mb) mientras que a mi me daba vergüenza confesarle que sólo iba a meter un PDF por Cd. Tampoco es cuestión de ir por ahí causando risa.
19€ para los envíos de los manuscritos. En algunos casos por duplicado.
4€ en sobres para el envío de manuscritos. No vaya a ser que llueva y se emborrone la tinta por el camino,


Creo que con esto ya está todo. Los precios están redondeados, tampoco vamos a ir al detalle, pero grosso modo (en cursiva y sin la “a”, como dice la RAE), hablamos de unos 73 euritos. Creo que han sido una buena inversión, es la primera que hago, y va cargadita de ilusión. Soy consciente de que este es un camino muy difícil, pero ya habrá tiempo para el desánimo. Por supuesto que no pierdo de vista la cantidad enorme de escritores que también comenzaron un camino en busca de la publicación de sus obras, y jamás tuvieron éxito. Quizás haya emprendido un viaje que no termine en el mejor de los lugares, pero creo que el valor de una vida no está en conseguir los mayores logros al final del viaje, sino en ser capaz de ir compartiendo la felicidad por el camino.

En ser el protagonista de tu propia aventura.

Un abrazo.


Esta es tu última noche en este calabozo, mi pequeño amigo. Al amanecer abrirán esa puerta de roble y te echarán al patio del dragón, que seguramente acabará contigo de un solo bocado. ¿Por qué sonríes, entonces?
¡Voy a ver un dragón! ¿No te parece genial?

Testimonio del preso que acompañó a Tamund Cienbolsillos, extraído del capítulo XIII de su biografía, «El duende que hizo reír a un Dragón».

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