viernes, 1 de febrero de 2013

Concursando que es gerundio. Los relatos cortos no son más sencillos.

En esta segunda y última entrega de “Concursando que es gerundio”, permitidme que recuerde con vosotros mis experiencias breves, y no por ello menos tristes, en esto de los certámenes literarios.

Escribir relatos breves no es algo moderno. Sin embargo, las nuevas tecnologías han propiciado la aparición de escritores especialistas en contar historias con pocas palabras. Creo que estaremos de acuerdo en que el progreso ha hecho mucho bien, pero también mucho daño, en el arte de escribir. “Pra mstra 1btn”.

Con el paso de los siglos, han surgido diferentes estilos de contar muchas cosas en espacios reducidos. Nacieron así las novelas cortas, los relatos breves, los microrelatos y… ¿Cómo llamar a algo que es incluso mucho más pequeño que un microrelato? ¿Twitter? Lo cierto es que en 140 caracteres le dan a algunos para crear auténticas maravillas, rarezas (como enormes palíndromos con sentido), o curiosos juegos de palabras.

Puede surgir entonces la idea de presentarnos a un concurso de relatos breves, cortos o minúsculos. Al fin y al cabo, al ser pequeño, debería ser también más sencillo, más rápido y además podríamos escribir varios al mismo tiempo para diferentes concursos.

 Ha nacido un Cazador de Concursos Literarios.


Bowman de Solidtom
El Cazador se adentra en webs especializadas para buscar certámenes literarios, o como a él le gusta llamarlos, “presas”.

Encuentra que hay docenas de campos donde cazar y eso le tranquiliza. Entre tanto concurso de caza, alguno habrá que sea adecuado para él. El Cazador es optimista, pero no avaricioso, por eso evita los terrenos donde se practica la caza mayor, paquidermos y demás, criaturas sólo al alcance de nobles y monarcas.

El Cazador no es avaricioso, pero tampoco es tonto. Enseguida empieza a darse cuenta de que esto de ir de caza no es tan sencillo como pensaba.
En algunos terrenos la presa se encuentra al otro lado del océano. Sin embarcación, le será imposible ir a buscarla.
En otros campos hay miles de cazadores arrodillados en el suelo y agudizando el oído, puesto que la única presa que allí se esconde es un tímido grillo.
Pasadas estas tierras, encuentra un pueblo donde el gobernador exige que se le regale la presa, porque solo él tiene derecho a cocinarla y a comérsela. Eso sí, permitirá al esforzado cazador que la haya conseguido, mojar los huesos un par de veces en un balde con agua hirviendo para hacerse caldo.

Después de mucho dudar echa la mano a una bolsa de cuero que ha llenado de plumas, a costa de vaciar de monedas la otra bolsa que cuelga en su cinturón. El Cazador es optimista y decide emplumar suficientes flechas para acudir a los tres lugares de caza en los que cree que puede tener mayores posibilidades de éxito. Y allí se presenta, madrugador, dispuesto a dar lo mejor de sí mismo.

En el primero de ellos enseguida vio a la presa. Junto a otros cazadores lanzó varias saetas en esa dirección hasta que cayó derribada. Cuando los contendientes se juntaron alrededor del trofeo para determinar cuál de los proyectiles había dado muerte al animal, se dieron cuenta de bajo sus flechas no había un animal, sino un espantajo fabricado con palos, cuerda y paja. Entonces escucharon una risa burlona a sus espaldas y vieron cómo uno de los mozos del pueblo agarraba por el cuello la auténtica presa. El alcalde estrechó una mano con el afortunado, y con la otra le propinó varios golpecitos amistosos en el hombro.

Enfurruñado, el Cazador viajó hasta el lugar donde se iba a desarrollar el segundo concurso al que quería presentarse. En este caso se trataba de dar caza a una pieza exótica y muy difícil de ver: un pequeño ave que anidaba en las montañas, y que solo abandonaba su hogar para alimentarse del néctar de ciertas flores azuladas, que crecían a miles de leguas de allí.
Los cazadores pasaron largos días, y noches aún más largas, escondidos entre las rocas, esperando que alguno de esos dichosos pájaros decidiera abandonar su escondrijo. Y hasta allí llegaron los ecos de los vítores y aplausos que provenían de la villa. Los cazadores se miraban unos a otros extrañados y encogiendo los hombros, pues ninguno había visto salir a ningún pájaro de las rocas. Cuando llegaron a la plaza de la villa, observaron cómo el cazador victorioso ofrecía el valioso pájaro encerrado en una jaula al alcalde, y este le correspondía con unos afectuosos golpecitos en el hombro. En la solapa del vencedor había prendida una flor de color azulado. Muy parecida, demasiado, a las flores que lucían las macetas bajo la ventana del Ayuntamiento.


Jungle Hunter de Cliffhanger
Pero el Cazador no quiso cejar en su empeño. Viajó hasta el tercer pueblo donde había encontrado un concurso de caza adecuado a sus aptitudes. Las normas eran muy estrictas, solo se permitía un proyectil por cazador. Estaba seguro de que allí todos estarían en igualdad de condiciones.
Los contendientes pulieron y emplumaron su mejor flecha, y se distribuyeron entre árboles y arbustos. Nuestro Cazador escogió un árbol especialmente alto con la intención de ser el primero en atisbar a la presa. Y así fue.
Andaba como un sapo, tenía cuatro brazos y era del tamaño de una persona adulta. Pero lo que más llamó la atención a nuestro cazador es que cada palmo de su piel estaba cubierta por placas de acero. Alguien le había puesto una armadura a la pobre criatura, que apenas podía caminar y tropezaba constantemente con las raíces.
Mientras decidía dónde dirigir su único disparo, observó cómo otros cazadores estrellaban sus dardos en la presa. El repiqueteo metálico que producían al rebotar contra el acero hizo que muchos animalillos abandonaran sus madrigueras asustados. El Cazador creyó ver un poco de piel verdosa bajo una de las cuatro axilas de la criatura. Confiando en haber encontrado un punto débil, tensó el arco, apuntó con precisión y lanzó su única flecha. Y con ella sus únicas esperanzas.

El proyectil voló con rapidez y se clavó en la carne. La criatura se tambaleó.

El Cazador saltó del árbol y corrió hacia la presa. Para obtener el premio, debía demostrar que era su disparo el que había dado muerte a la presa. Arriesgándose a recibir un flechazo, se acercó a la criatura, que aún permanecía en pie. Se oyó a sí mismo suplicar: “Vamos, desplómate ya”.

Un fogonazo le chamuscó el flequillo, las cejas y las pestañas. Parpadeó y bizqueó varias veces hasta que su visión se aclaró poco a poco. Donde hacía un momento se encontraba la presa, tan solo quedaban un montón de chapas humeantes esparcidas por el suelo. Entre las pavesas que flotaban en el aire, vio cómo otro cazador se echaba al hombro algo parecido a un tocón de madera, solo que los tocones de madera no tenían cuatro brazos y dos piernas. En su mano izquierda llevaba una especie de tubo grueso metálico, del que salía una densa nube de humo negruzco.
Algunos cazadores se quejaron, pero el alcalde dejó bien claro que aquel muchacho solo había utilizado un proyectil y que, pese a estar gravemente herida, nadie podía poner en duda qué cazador había dado muerte a la presa.

El Cazador, lejos de enfadarse, se echó a reír. Esta vez no se quedó a ver las palmaditas. Dejó su arco y su carcaj de flechas apoyados en la puerta del pueblo y se alejó por el camino. Había encontrado dónde no estaba su felicidad.



Espero que os haya gustado este relato corto. Es la forma que se me ha ocurrido para no meterme demasiado en charcos de dónde, quién y cómo funcionan algunos concursos. Los escritores humildes no podemos arriesgarnos a ser denunciados por difamación ;).

Dejando a un lado la parte fantástica y centrándome en la parte científica, que para eso soy enfermero, de ciencias y “pro-método científico”, os expondré mis conclusiones.
Después de haber dejado bastante tiempo y cierta cantidad de dinero en mis investigaciones, puedo afirmar:
Que no todo el que gana un concurso será un enchufado, no todo el que gana un concurso será un mal escritor, no todos los concursos funcionarán por enchufe…
Pero también doy por comprobado que estar empadronado en el mismo sitio donde se realice el certamen, vivir en esa misma ciudad o, en su defecto, que en tu DNI figure que resides ahí mismito, ayuda a llevarte cualquiera de los premios, en cualquiera de sus categorías.

El resultado de mi investigación es algo sorprendente ya que en la mayoría de los concursos literarios las obras se presentan bajo seudónimo y la plica (lugar donde aparecen tus datos reales, fotocopia del DNI, certificado de autoría de la obra…) solo se abre una vez determinado el relato ganador.

Yo no soy un experto, pero os daré los pocos consejos que se me ocurren, a todos los que estéis interesados en presentaros a un certamen de relatos cortos- microrelatos-llámalo X:

Lee bien las bases del concurso.


La mayoría de los ayuntamientos se quieren quedar con tu obra para siempre y te exigen cederles los derechos de autor.
Cuenta lo que puedas en un párrafo, mejor que en dos.
Relee el texto con objetividad y elimina todo aquello que resulte información sobrante. A veces gastamos muchas palabras en descripciones o acontecimientos paralelos que no aportan nada a la historia central. ¡Anda mira, un gorrión en la ventana del dormitorio donde el protagonista está siendo traicionado por su mejor amigo!
Por favor, desde lo mas profundo de mi corazón te suplico que no escribas en tu relato un “final Shyamalan”. Ya sabes: al final estaban todos muertos desde el principio; el malo al final era el bueno; y los clásicos, el mendigo era el príncipe, él era ella y todo ha sido un sueño. Ojo, que a mi me encanta eso de guardarme un as el la manga que se descubra al final… Pero cada vez que “todo ha sido un sueño”, un niño arranca una página de un cuento, en algún lugar del mundo ;)
Y si esto no funciona, siempre puedes empadronarte allí o mandar una fotocopia borrosa de tu DNI.

Por cierto, al principio de esta entrada, escribía el famoso refrán “para muestra un botón” en versión mensaje de móvil. No quiero insultar vuestra inteligencia, que seguro que os habíais dado cuenta. Solo lo aclaro por si acaso ;).

Bueno me despido de vosotros durante unos días. Dentro de muy poco conoceré a la protagonista del más bonito de mis cuentos. Entenderéis que debo concentrarme en la pequeña que estará en todo lo que escriba a partir de ese momento ;).

Si queréis conocer mi experiencia sobre los concursos más grandes y multitudinarios, la tenéis en esta entrada del blog.
Si preferís leer algunos consejos obre lo que hay que tener en cuenta a la hora de publicar, los encontraréis en esta otra entrada.

Un abrazo.

2 comentarios:

  1. Excelente post Pablo, me ha gustado mucho y me ha dado muchas luces sobre cosas que venía planteándome desde hacái tiempo, gracias. Por otro lado, me gustaría dejaros este blog de un colega que está muy bien, tiene relatos breves, ideas, reflexiones, opiniones, etc., me ha gustado: www.cascandonueces.wordpress.com, saludos!!

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  2. Muchas gracias!

    Me alegro de que alguna de mis experiencias, las buenas y las no tan buenas, puedan servir de ayuda a otros compañeros de pluma... O teclado ;)

    Solo le he podido dar un vistazo al blog que me comentas (www.cascandonueces.wordpress.com) y me ha gustado mucho. Merece la pena leerlo con más detenimiento, algo que pienso hacer.

    Un abrazo.
    Pablo.

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