martes, 27 de noviembre de 2012

A la vuelta de la esquina. Un colegio me abre sus puertas.

Después de recibir un par de correcciones del primer libro de “Cuentos de Caballería”, mi amiga Natalia propuso la idea de leerlo en los “minutos de lectura” de su clase. Según me comentó, todos los días dedicaban cinco minutos de clase a leer un libro juvenil, así que...

¿Por qué no leer el mío?


Imaginad todos mis miedos aflorando al mismo tiempo y sacudiéndome de lado a lado: seguramente el primer libro necesitaba muchas más correcciones antes de ver la luz; por otra parte, los “Cuentos de Caballería” están pensados para jóvenes de doce a catorce años, y aquellos alumnos apenas tenían diez… Pero ¿qué mejor oportunidad iba a tener de exponer mi trabajo a los mejores críticos que existen: los jóvenes lectores y lectoras?
Pues la experiencia fue un éxito. Ante mi incredulidad, y mi sonrisa bobalicona, la profesora me iba comentando cómo la historia había calado en los chavales, cómo reclamaban más y más minutos de lectura esperando con ganas que leyera cada día el siguiente fragmento. ¡Incluso me trajo dibujos que sus alumnos y alumnas habían hecho sobre las cosas que yo había escrito! Un sueño hecho realidad.


Me sentía abrumado por los buenos resultados y agobiado porque aquellos chicos sólo tenían el primer libro de los Cuentos. Se iban a quedar con la historia a medias, pero en esos momentos estaba trabajando en la corrección personal del segundo libro y todavía no podía ofrecérselo.

Sólo había una forma de compensarles, y era aceptando la invitación de su profesora para hacerles una visita a final de curso.

Los chicos y chicas de su clase me recibieron con los brazos abiertos. Incluso antes de llegar al aula, haciendo fila con ellos, me asaltaban con preguntas sobre los personajes.

La experiencia de entrar en una clase y ver tu libro sobre una mesa, y el mapa en el que tanto has trabajado en la pizarra electrónica, es indescriptible.


Pero no había tiempo para enjugarse las lágrimas de emoción. Teníamos una hora por delante y aquellos chavales se merecían toda mi dedicación y gratitud. Agarré el rotulador cibernético, o como se llame ese trozo de plástico que solo pinta en la pizarra electrónica, y el tiempo voló mientras hablábamos de los personajes, los lugares y las aventuras que ya habían leído. Pero también de muchas otras cosas que no habían tenido la oportunidad de leer, porque aún no estaban terminadas. Se merecían eso y mucho más.

¿Y por qué no lo publicas? Es que está muy bien”, “Yo también quiero ser escritor”, “¿Te ha gustado mi dibujo?”, “Yo lo compraría”, “Mi personaje favorito es...”.

Recibí un montón de comentarios y propuestas desde la mejor sinceridad: la de los niños. No pude dejar de sonreír en toda  la mañana. Merece la pena intentar poner granitos de arena en la construcción de nuestros futuros lectores, escritores, artistas de cualquier profesión...

Toda esa energía me influyó muy positivamente a la hora de seguir trabajando en la corrección del segundo libro de los “Cuentos de Caballería”. Puedo decir bien alto que si no fuera por aquella experiencia, quizá no me habría atrevido a ir más allá con la novela.

Quiero compartir con vosotros los fantásticos dibujos que me regalaron aquel día, y que guardo como si fueran auténticos tesoros.















Desde aquí, de nuevo, ¡GRACIAS!

viernes, 23 de noviembre de 2012

Confianza en los conocidos. Primeras correcciones.

Desde mi humilde opinión, la parte más pesada y la que más mina el ánimo de un escritor es la fase de corrección.

No sé cuántas decenas de veces habré leído la novela.


Alguien escribió una vez que la relación entre un escritor y su obra es comparable a la de dos enamorados. Dos personas cuyo amor se vuelve tan absorbente que, un mal día, se torna en odio y no son capaces siquiera de soportarse. Yo soy más de la opinión de que es como un hijo al que has cuidado, alimentado y ayudado a crecer, hasta el día en el que él necesita independizarse y te abandona para hacer su vida aparte… Y seamos sinceros, tú también quieres perderle de vista (con cariño ¿eh?, pero perderle de vista un rato) :).

Para que una obra salga medianamente bien, es casi obligatorio rodearte de amigos.


No importa el cuidado que hayas puesto, las veces que hayas repasado el texto, lo bien que creas que escribes, lo bien que pienses que te ha quedado… Siempre habrá algo que se te escape y que otra persona será capaz de ver.

Ausencias o duplicidades de texto, palabras que se escapan de un borrado para acechar desde las sombras, personajes que se levantan para hablar en una reunión y que, estando de pie, se vuelven a levantar un par de páginas después… En definitiva, incoherencias que sin la ayuda de los amigos, permanecerían escondidas entre las líneas de la novela dispuestas a dejar en evidencia tu trabajo. Cualquier novela, por muy bien escrita que esté, se desluce ante una errata.

Corrector novela, lector cero, lector beta
Detalle de corrección de Elisa ;)
 Ahí es cuando llega el momento personal de reflexión, que básicamente se resume en una pregunta: ¿a quién voy a engañar para qué se lea esto y, no contento con eso, además me lo corrija? No a todo el mundo le puedes endosar más de 150 páginas de novela fantástica dirigida a jóvenes de doce a catorce años. En ese sentido, me he sentido afortunado de la gente que me rodea. Personas dispares, cada una acostumbrada a leer un estilo diferente de literatura, a las que les había dado el fruto de tanto esfuerzo para que me dieran su opinión sincera. Por mi parte, estaba tan impaciente de recibir comentarios... Necesitaba saber si algo fallaba en la novela, qué, cuándo, dónde; para poner remedio inmediatamente.

Espero haber sabido disimular bien mi impaciencia y no haber resultado demasiado pesado ;). 

A todos vosotros: Pilar, Elisa, Natalia, Mari Carmen, Mariajo, Ramón, Inés… GRACIAS de corazón por dejaros engañar para corregirme, por vuestras apreciaciones, por las notas al margen, por reíros con algunos pasajes de la novela y por morderos las uñas con otros, por dedicarme vuestro tiempo y por acompañarme en esta aventura.


Elisa, gracias por tu apoyo constante, tu esfuerzo por leerme y tus ánimos para que siga adelante.



Natalia gracias por leer el primer libro de los “Cuentos de Caballería” con tus alumnos y por invitarme a compartir con vosotros aquella mañana tan mágica. Mi próxima entrada del Blog estará dedicada a ti y a tus chicos y chicas.



Me hacéis sentirme afortunado.



Pablo.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Todo el mundo sale de algún lugar. El mapa del Continente.


Muy buenas, a todos y todas.

Lo primero, agradeceros la buena aceptación que está teniendo este blog. Para mí es un auténtico placer compartir con vosotros esta especie de making off de los "Cuentos de Caballería", al tiempo que sigo maquinando nuevas aventuras para sus personajes.


Hoy voy a escribiros un poco acerca del mapa. 


Si algo tenía claro, es que toda historia épica que se precie, debe tener un mapa en sus primeras páginas. Gracias a la informática fui capaz de dibujar el Continente a medida que iba escribiendo sobre el mismo, en un claro ejemplo del “yo me lo guiso…” a los que los autores con pocos recursos estamos tan acostumbrados.

mapa, novela, juvenil, fantasía
Donde todo comienza.
Tuve algunos quebraderos de cabeza para que las distancias sobre el papel se ajustaran lo más posible a la narración. Y es que estos personajes no paraban de moverse en el mapa. Navegaban, cabalgaban, caminaban, se arrastraban… Sin mostrar ninguna piedad, mientras el pobre escritor se devanaba los sesos para colocar adecuadamente los lugares por los que viajaban.



Por otro lado está mi manía de utilizar nombres reconocibles para las ciudades; Hostal de la Trucha, por poner un ejemplo; algo que tampoco facilitaba la labor de encajarlos bien en el dibujo. Mejor me hubiera ido utilizando nombres sin sentido aparente y mucho más fáciles de colocar en el mapa. Escribir algo así como:

"Bienvenidos a la ciudad de Find´thael, lo que en élfico oriental profundo significa remanso fresco de tranquilidad donde la trucha salta entre piedra y piedra" ;).

La próxima entrada que publique será muy especial, ya que estará dedicada a todas las personas que me habéis ayudado leyendo y corrigiendo los dos libros de los "Cuentos de Caballería". Desde ya, muchísimas gracias. No sabéis cuánto me habéis ayudado y animado.

Si acabas de llegar a este blog, y aún no sabes de qué va todo esto, quizás te interese visitar esta entrada, donde te cuento quién soy.

Un abrazo.

Pablo.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Historias dentro de otras historias. Ejercicios creativos.


Antes de lanzarme a escribir los Cuentos de Caballería necesitaba desoxidarme un poco.


Al fin y al cabo no es lo mismo escribir un cuento para niños de tres años que una novela para otros de doce a catorce.

Utilizando una de mis webs favoritas de recursos para escritores (escritores.org), busqué concursos que pidieran relatos cortos con temáticas muy definidas. Cuanto más delimitado fuera el tema a tratar y el espacio para contar la historia, mayor reto. La experiencia de documentación fue tremendamente enriquecedora. Sumergirme en el Auto de Fe de las brujas de Zurragamurdi, escrito en castellano antiguo; encontrar escritos sobre el papel de la mujer en la España cristiana/judío/musulmana; o incluso un mapa de la ciudad de Huesca anterior al año 1000 y perderme por sus calles imaginando lo que habría a mi alrededor hace diez siglos... Sin duda, la fase de documentación es de las cosas más agradecidas en esto de sentarse a escribir.

Finalmente, el esfuerzo dio sus frutos en forma de relatos cortos como "El médico de Wasqa" y "La hija de Zurragamurdi".

"Las ciudades medievales aragonesas".
María Isabel Falcón Pérez
Y no, no gané ningún premio. Pero mi objetivo no era ganar, sino ponerme a prueba (qué bien queda eso a tiro pasado, ¿eh?). Me exprimí el coco y probé mi capacidad de compromiso para cumplir plazos de escritura y ceñirme a unas normas muy limitadas de espacio. Además, si no me hubiera metido a concursar, jamás habría encontrado toda esa información tan concreta, oro puro para escribir nuevos relatos. Y todo por el módico precio de enviar por triplicado algunos montones de folios, adecuadamente encuadernados, a diferentes provincias.

Tampoco puedo negar que aprendí mucho sobre lo que no hay que hacer al presentarse a un concurso, como por ejemplo nacer fuera de la ciudad que lo organiza. Podría decir que esas actitudes sospechosas que observé en varios concursos por parte de los jurados y de los organizadores no me molestaron, pero no sería cierto. Simplemente me parece que no se respeta lo suficiente el trabajo de muchos buenos escritores; gente formada que se dedica en cuerpo y alma a ello, y por supuesto mucho mejores que yo; que depositan su ilusión en esos pequeños concursos. Y hasta aquí el momento resquemor ;)




Por cierto, todas las imágenes que publicaré en este blog, son propiedad de sus respectivos autores y siempre que sea posible haré referencia a los mismos. Si cualquier autor cree que no debería publicar alguna imagen de su propiedad, solo tiene que ponerse en contacto conmigo y la retiraré inmediatamente.

La foto del mapa de Huesca medieval incluido en esta entrada, ha sido extraído de la tesis "Las ciudades medievales aragonesas", de María Isabel Falcón Pérez. Desde aquí le agradezco su trabajo que me sirvió como inspiración.

En esta entrada te cuento mi aventura en esto de hacer mapas para una novela.

Pablo.

martes, 20 de noviembre de 2012

Cuentos de Caballería. El origen de la novela.

¿De dónde salió la idea que me llevó a escribir la novela "Cuentos de Caballería"?


Todo surgió de un regalo de Navidad para la que ahora es mi mujer. En realidad se trataba de varios regalos sencillos, con la excusa de introducir en cada paquete un fragmento de un cuento. De esa forma, entre peluches, marionetas de dedos y otras cuantas cosas, nacieron los personajes de Balpo, Plira, Gimuel, Verdin, Verderon y Rayas.

Aquel cuento breve, en el que Balpo Astillaferro viajaba hasta el Reino de las Nieves para rescatar a Lady Plira Friogamo, fue el germen de un nuevo mundo que creció a su alrededor. Dejé reposar la historia durante años, escribiendo otro tipo relatos que no tenían nada que ver con ese estilo, pero siempre supe que antes o después recuperaría a todos esos personajes que me resultaban especialmente carismáticos. Lo que no imaginaba es que iban a protagonizar algo tan ambicioso como mi primera novela.

Así fue como Balpo Astillaferro volvió a la pantalla de mi ordenador, pero esta vez la historia iba a ser muy diferente: amor, lealtad, traición, amistad, sacrificios, humor... Cuentos de Caballería. 

Nota de Gnomo: Actualización a octubre de 2016. La novela se llamaría finalmente "La caja de Bernit". Digamos que "Cuentos de Caballería" se convirtió en mi "Blue Harvest" particular. ;).


Pero no te creas que comencé a escribirla directamente. Antes necesitaba pulirme un poco como escritor. En esta entrada te cuento cuáles fueron mis primeros pasos.


Fantasía, Mago de Oz, aventura, camino

"¿Rescatar a una dama en apuros? Creo que ése es el menor de tus problemas, amigo".

lunes, 19 de noviembre de 2012

Hace poco tiempo, a la vuelta de la esquina… Conociendo al autor


Enfermero de profesión, siempre me he sentido atraído por el arte de escribir.


Desde que era bien pequeño he escrito poesía, canciones y numerosos relatos. Un día me hice mayor y pensé que ya era hora de tomármelo un poco más en serio. Me preocupé en formarme y descubrí que tenía muchos filos que pulir.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Estreno del Blog

Muy buenas,


En este momento doy por inaugurado oficialmente el Blog de Cuentos de Caballería. Desde aquí iré relatando todas esas cosas que han ido sucediendo desde el día en el que decido ponerme a escribir una novela juvenil. Momentos duros, divertidos y mágicos. Pasos de un camino que se sabe donde se empieza pero que nadie sabe dónde ni cuándo terminará.

Es mi primera experiencia como Blogger, así que espero que sepáis disculpar mis defectos.


Un abrazo.


Pablo.